lunes, 25 de febrero de 2008

"No conocian el mar, y se les antojó más triste que en la tele..."

Como siempre no puedo evitar utilizar a Sabina como hilo conductor de alguna idea o reflexión, esta vez le robo la primera frase de "Pájaros de Portugal" (anota y downloadea) como título para algún tipo de verborrea que no se si va a llegar a algún lado. Pájaros de Portugal está inspirada en un recorte de periódico real que se encuentra Sabina un día cualquiera en el que se notificaba de una pareja de adolescentes que se escaparon de la escuela y de su casa para conocer el mar y cuando los alcanza la policía para regresarlos, los dos declararon que el mar "se veía mejor en la tele".

Me gusta la imagen del sueño que nos venden y la contraparte que nos inventamos, ese poder traslapar nuestras inquietudes con eso que tu le llamas el amor de MTV.

Te equivocas en el desgano barbero de la moral, la "falta de ganas" de la que platicábamos hace no menos de 5 horas no es un desgano tanto un discurso de pasiones apedreadas, no es que no haya ganas, es que no es necesario tenerlas, echarle "ganas" es derrotarse ante una situación que de fondo no me parece, a veces me cuestiono si estoy mal desganado de tener ganas de hacer las cosas que no quiero y tremendamente emocionado como rockstar hedonista por aquellas que se me presentan sin esfuerzo o las que exigen todo de mi pero dan resultados asombrosos. El amor no me ha oxidado, me ha hecho adicto al placer y codicioso con los sentimientos, a veces orgullo y a veces pena ajena, pero siempre una construcción más solida que el acero de refuerzo que sostenía un corazón sin latidos hace algunos años dentro de un pecho que no sabía sentir, que moría por conocer el mar.

No cuestionaba tus palabras aquí mismo hace unos días para oírte esbozar una derrota sentimental o demeritar la veracidad de tus palabras, sino como ciego a lazarillo pretendía darte uno que otro bastonazo en las cienes para ver si esquivabas o detenías los azotes. Porque me gusta la batalla de palabras, el retar desnudamente lo que el otro jura que dice que piensa, tanto de ti, tanto de mi... cuestionar es volver a lanzar el yo yo, buscando que esa suerte salga mejor a la que sigue, es arrancarle al otro sus juguetes y escondérselos en una juguetería de pasillos infinitos.

Una vez más te invito al laberinto, espero que cuando lleguemos al mar... no se vea más triste que en la tele.

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